Archive for noviembre, 2009

Crecí en los ochenta

El Congreso aprobó ayer el nombramiento de Alberto Oliart como consejero y presidente de la Corporación RTVE. Para los que somos de los ochenta y no tenemos memoria histórica, esto en principio parece normal: un señor que ha conseguido que PSOE y PP se pongan de acuerdo y ha logrado en las Cortes Generales una mayoría por encima de los dos tercios requeridos. Entonces, ¿qué pasa? Pues pasar no pasa nada, pero las dudas surgen cuando descubres que Oliart fue ministro de Defensa con UCD y tiene 81 años.

En este punto tengo que hacer una puntualización, y es que las personas mayores tienen todo mi respeto. Creo que su experiencia es muy necesaria y que muchos de los problemas que nos acechan serían muy diferentes si hubiésemos dedicado un poquito más de tiempo a escuchar a quienes han superado situaciones mucho más difíciles. Pero de ahí a situar a un octogenario al frente del ente público en plena expansión de la sociedad de la información, hay un paso de gigante.

Para cumplir con el trámite parlamentario, que deberíamos llamar paripé parlamentario porque una vez puestos de acuerdo los dos grandes partidos no hay más que hablar, Oliart fue al Congreso a responder a las preguntas de los diputados. Y allí, mostró su disposición a situar a RTVE en todos los medios tecnológicos e interactivos disponibles, pero reconoció que él no entiende nada de estos temas. “Espero que mis nietos me enseñen”, llegó a decir. ¿Van a ser entonces sus nietos quienes dirijan RTVE?, no entiendo nada.

Y todo esto, en una empresa en la que hace un par de años hicieron un MEGA-ERE por el que prejubilaron a todo el que tenía más de 52 años. ¿Os suenan nombres como José Antonio Maldonado, Paco Montesdeoca, Rosa María Calaf o Pedro Erquicia?, pues ya no cumplen los 50. Así que nos hemos quedado con una radio y una tele públicas hechas por gente que no tiene más de veinte años de experiencia y dirigidos por un señor de 81. Muy bien, ¿dónde está el sentido común en todo esto?, yo no lo encuentro.

Lo que sí tengo claro es que ‘Cuentame’ va a tener un asesor muy especial, que será imposible que ‘Amar en tiempos revueltos’ cometa ningún fallo cronológico y que a lo mejor La 1 recupera ‘Mira quien baila’, que sé de buena tinta que tenía una gran aceptación entre nuestros abuelos. Aparte de la edad, Oliart parece tener las ideas bastante claras, así que espero que reciba buenos consejos de sus nietos y se monte en el DeLorean para superar este papelón en el que le han metido.

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Capítulo 2: De mayor quiero ser funcionaria

¿No decía Concha Velasco aquello de “Mamá, quiero ser artista”?  Pues sí amigos, después de mi periplo en el INEM, sé que de mayor quiero ser funcionaria. 

No quiero generalizar sobre los funcionarios porque estoy segura de que los hay que trabajan mucho y  muy bien. No obstante, voy a relatar mi experiencia con las tres señoras que me atendieron ayer. 

Funcionaria 1: “Mari, ¿qué tengo que poner ahora?”

La Señora “Mari” me atendió amablemente, incluso dándome los buenos días con una sonrisa (cosa de agradecer cuando llevas esperando un cuarto de hora).  

 La buena de “Mari” tardó tanto en registrar 3 datos porque, al parecer, no tenía pleno conocimiento del uso del programa. Y digo yo, aunque no domines el programa, esta mañana al menos llevas 30 personas atendidas… ¿algo se te quedará, no? Pero no parecía ser el caso, así que ella, con toda su parsimonia, cada tres pulsaciones en el teclado molestaba a la compañera de al lado (otra que tenía bastantes ganas de ser interrumpida) para decirle: “Mari, ¿ahora qué tengo que poner?”.

Su misión: registrar mi CV
Tiempo de espera: 15 minutos
Tiempo de atención: 25 minutos 

Funcionaria 2: “Play/Pause” 
A diferencia de la primera, esta segunda señorit…señora, no me dio ni los buenos días. Simplemente se digno a pulsar el “Play” interior y a rebuscar en una torre de papeles mientras me soltaba un rollo de unos 30 segundos sin apenas respirar.

Su misión: informarme y darme un formulario
Tiempo de espera: 45 minutos
Tiempo de atención: 30 segundos, 22 milésimas 

Funcionaria 3: “1 teclado = 1 dedo”
Y por fin llegamos a mi favorita. La funcionaria “1 teclado = 1 dedo”. Tras largas horas de espera y desesperación, sufres el crítico momento en el que van a dar las 14:00h en el meridiano y los ordenadores de todos los funcionarios del INEM sufren un apagón repentino. La angustia se apodera de ti cuando la aguja del minutero pasa del 30… el tiempo apremia. Te preguntas por qué si hay 15 mesas, sólo hay 3 atendiendo y también cuál será la razón por la que tardan tanto… Pero llega tu turno. Oh yeah!

En ese momento, mi funcionaria favorita comienza a pedirte papeles y a cogerte los datos. “Aaaaaacabáramos! por eso tardan tanto!”. La señorita “1 teclado = 1 dedo” escribe con el dedo índice… SOLO. Entiendo que para apuntar cifras tenga un cuidado pero… ¿para escribir nombres? ¿será que ha desarrollado una habilidad especial para sostener la taza de café en una mano y teclear con la otra? Asombroso. Sin palabras. Y una única recomendación para ella (la verdad es que fue maja): juega a Teclator, my friend! 

Su misión: Registrar mis datos e inscribirme
Tiempo de espera: toda una mañana
Tiempo de atención: el hambre y las ganas de acabar me impidieron contarlo… pero mucho

Definitivamente, de mayor quiero ser funcionaria.

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Presento formalmente mis respetos a los funcionarios competentes y eficaces, lamentando que su imagen se vea dañada por gente como las tres señoras que me atendieron ayer.

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Chapter 1: Las 12 pruebas del INEM

Por primera vez hoy he visitado el INEM. Depués de 4 horas de espera interminable, se me han ocurrido cientos de títulos para este blog. Hay tanto contra lo que quiero despotricar,  que he decidido hacerlo por capítulos.

Capítulo 1: Las 12 pruebas del INEM

Como decía, hoy he estado en el INEM, concretamente desde las 9:30 de la mañana hasta las 14:00h. Nada más llegar un joven de seguridad te pregunta a qué has ido… “Mmmm… a tomarme una buena Caipirinha!!” (¿a ti qué te parece?).

Cuando le explicas tu situación, te obliga a pasar por una primera mesa llamada “Demandas” (demandas las que dan ganas de poner contra todos los funcionarios que se están “rasking the panz” mientras las colas no dejan de aumentar). En dicha mesa (“Demandas”) una señora registra tu CV grosso modo. Y cuando digo “grosso modo” quiero decir: -“¿estudios superiores? – Sí -¿idiomas? -Sí -Vale, pasa por ahí y coge un número para la mesa de información, para luego coger otro y subir a la 2ª planta. 

En ese momento no puedes evitar acordarte del pobre Asterix corriendo de ventanilla en ventanilla para conseguir el formulario K-61 papel azul; que tendrá que entregar en la ventanilla 683 para que le den el formulario P-78 papel amarillo;  para poder ir a la ventanilla 1507, donde le darán el formulario N-205 papel naranja.

Esbozas una sonrisa (sonrisa que se te borrará más tarde) y coges el número. Momento crucial. Ahí se decide todo. Click: A-71. Miras la pantalla de los turnos con la esperanza de salir pronto y… pum: van por el A-19. “Va a ser una mañana muuuuuuy larga”…

Observas cómo avanzan los números sin llegar a ninguna conclusión. En ese momento empiezas a debatirte  entre la vida y la muerte: “¿salgo a tomarme un café y vuelvo?” Si lo haces, los astros y la Ley de Murphy harán que los 30 números que te separan de la Mesa A pasen fugazmente y que pierdas el turno. “Eso no puede pasar. Me quedo“. Quizá esos 30 números hayan pensado lo mismo y se estén tomando un café en el bar de enfrente.

Cuando por fin llega tu turno, vas a la mesa de información en la que una señorita pulsa el PLAY y te atiende sin apenas darte los buenos días. “Muy amable…”. Fase I: Completada.

Coges el segundo número. Subes a la planta de arriba con cierto aire de “ya no me queda nada”, pero cuando llegas, te das cuenta de que te siguen quedando unas horitas.

Armada con un buen libro, un ipod con la batería cargada y una buena dosis de paciencia, te pones a observar lo que te rodea mientras una joven madre intenta acallar los llantos y los gritos de su pequeño. De nuevo, ninguna conclusión. Gente joven, gente mayor, gente soltera, gente con familias, gente con estudios, gente sin estudios… (sí, tengo un radar auditivo de alto alcance!). Depués de haber observado un rato te das cuenta de que ese 18% de paro afecta a todo el mundo.

Cuando por fin te toca, te levantas con euforia pensando que es el fin y que en 10 minutos saldrás por esa puerta de una vez por todas. La euforia se te acaba cuando la señorita que escribe en el ordenador con un solo dedo, empieza a quitarte porcentajes por todo: se te retiene el x% porque tienes menos de un 40 de pie; otro x% se te retiene porque te has inscrito en un día soleado; este otro X% lo pierdes porque tu última oficina estaba en un segundo… aha…

Cuando acaba, te levantas de la silla asumiendo lo que acaba de pasar y das las gracias a la señorita “1 dedo-1 tecla”. Sinceramente, el cabreo se pasa cuando te paras a pensar en esa pobre madre y concluyes: “por lo menos yo no tengo bocas que alimentar”.  

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To be continued… Chapter 2: “De mayor quiero ser funcionario”

PD. Por cierto, cuando esperas la cola del paro viendo que a tu alrededor hay gente pasándolo muy mal, no puedes evitar acordarte del “sarao” que ha montado el gobierno este fin de semana… con alformbra roja y todo. No comments.

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Las hijas de Zapatero, protagonistas del forwardeo

Para los que olvidaron que ellos también tuvieron adolescencia

Ayer me llegaba un email con fotos nuevas de una de las hijas de Zapatero. Dicho correo, curiosamente firmado por un prestigioso despacho de abogados de talla internacional, comenzaba con una ofensiva frase en la que se comparaba a la adolescente con todo tipo de monstruos.

Todos vimos la famosa foto de la familia ZP con los Obama. Todos recibimos los millones de fotomontajes que se hicieron de aquella foto. Todos nos reímos en su momento, más por el derroche de creatividad de los photoshopers que por la rebeldía adolescente de las “zapateritas“.

Fue inevitable en el momento en el que todos los periódicos y noticieros mostraban aquella foto como su noticia del día. Y el debate  estaba abierto: ¿por qué las hijas de ZP posaron en la foto cuando las de Obama no?; ¿iban vestidas apropiadamente, teniendo en cuenta que estaban visitando al mismísimo presidente de EEUU?; ¿tenemos derecho como sociedad a juzgar a dos menores de edad?; ¿tenemos derecho como españoles, a saber cómo se nos está representando en el extranjero?…

Podemos estar más o menos de acuerdo con que las hijas de ZP posaran en aquella foto, podemos ser más o menos afines a la cultura y la estética gótica, podemos reirnos, porque somos libres. Pero precisamente por eso, porque todos somos libres, incluidas las hijas de ZP, dejemos de juzgarlas y respetemos su intimidad de una vez por todas.

A todos aquellos que difunden las fotos privadas de una menor y que se permiten la licencia de insultarla, predicando sobre las buenas maneras y el correcto comportamiento en sociedad, les propongo que echen la vista hacia atrás, que retrocedan en el tiempo unos años (sean 20, sean 10) y que juzgen sus fotografías de la adolescencia como están juzgando las de las hijas de ZP. ¿Qué tal? ¿Divertido? Puede que sí, pero deja de serlo si la broma pasa a un email que se reenvía a X.mil personas. X.mil personas que se permiten el lujo de insultar y ofender gratuitamente… por no hablar de portadas de periódicos, imágenes en televisión, etc.

Para hablar de principios y juzgar a los demás, empecemos por uno mismo.

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Pd. Sobra decir que la cadena de reenvío de las fotos del Facebook de la hija de ZP acaba en mi bandeja de entrada. Me niego a reenviarlo. Y os pido que no lo hagáis vosotros tampoco.

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Generación JASP

Todos recordamos aquel anuncio en el que el joven vestido informal y que “tocaba en un tugurio” daba una lección al alto ejecutivo, conocedor de la verdad absoluta y del buen hacer en los negocios. (enlace al video más abajo)

“Por cierto, la cita es muy buena. Pero no es de Kant, es de Séneca”… touché!

Hoy en día son muchos los chicos JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados) los que se encuentran en una situación similar. Esto nos lleva a aumentar las necesidades de especialización y, a muchos, a convertirse en expertos en cosas tan pequeñas que resultarán prescindibles a corto plazo.  “Ingeniero Técnico Industrial en Automatización de Dispensadores de Palillos”, “Periodista especializado en Cachuli y corrupción”, “Peluquera con especialidad en Pedicura del dedo gordo del pie izquierdo”…

La especialización está bien, la formación mucho mejor, pero… ¿no estaría bien que también fuese valorado?

Gran parte de la Generación JASP no puede independizarse y, si lo hace, sufre ciertas dificultades económicas ya que la mitad de su sueldo (siendo optimista)  se convierte en un alquiler o una hipoteca que harán complicado llevar el ritmo de vida de antes.

Por una vez en la vida el materialismo es necesario y, sí, la Generación JASP, cuando habla de ser valorada, se refiere al “show me the money”, a dejar la franja del mileurismo atrás y, sobre todo al “porque yo lo valgo”.

Porque si hay una cosa clara en todo esto es que esta generación, valer, vale mucho!

http://www.youtube.com/watch?v=5bfkSKdoN8k

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¿Un conductor de primera?

Hay colectivos que me caen especialmente mal. Lo siento, no es nada objetivo e incluso conozco a bellísimas personas que trabajan en ellos, pero mis prejuicios están ya demasiado arraigados como para cambiar de idea.

Además del mundo aparte de los taxistas, de los que ya dio cuenta este blog, se me ocurren muchas cosas que escribir sobre conductores de autobús, ‘ponedores’ de multas del SER en Madrid o, en general, la gente que se sitúa detrás de un mostrador teóricamente para ayudarte y atender tus dudas y reclamaciones.

Precisamente, un conductor de autobús fue el que provocó una de las busfrases sobre las que se sustenta [palc]: no cuesta nada ser amable. Y es que yo no sé qué les pasa a estos señores para tener todo el día esa cara de perro pulgoso. Entiendo que estar horas y horas en la carretera y, sobretodo, el tráfico de Madrid, es muy duro, pero desde aquí garantizo que los viajeros no son quienes les ponen pinchos en el culo. A lo mejor tiene razón ese anuncio de la tele y deberían desayunar algo que les haga llegar a trabajar con los intestinos limpios.

¿No tiene cambio de un billete de 20 euros?, pues no hace falta que lo diga gritando y llamando niña a una mujer que ya no cumple los 30 años. ¿Vamos muy apretados en la parte delantera del autobús?, pues le aseguro que la primera interesada en no llevar la barra clavada en la cara soy yo. ¿Está harto de tener que abrir la puerta a la gente que llega corriendo a la parada?, pues imagínese cómo lo estoy yo de llevar veinte minutos esperando.

En fin, que cada uno tiene lo suyo, pero si te dedicas a una profesión en la que te pasas ocho horas rodeado de gente, te recomiendo que te apuntes a clases de yoga. Si no lo haces, te arriesgas a encontrarte un día con alguien que tampoco haya desayunado ‘All Bran’. También puedes replantearte tu vida y dedicarte a la cría de bonsais, que seguro que no les importan tus obsesiones.

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Uno, dos, tres y …

Hay pocas situaciones en la vida en las que te sientes más ridículo que tu primer día de gimnasio.

gimnasioLa semana anterior ya te habías atrevido a cruzar esa puerta tras la que imaginabas que el peor cuerpo estaría al nivel del de Darek y, al acercarte al mostrador, una rubia oxigenada llamada Sara te explicó todos los planes de deporte y horarios de clases para ejercicios cuyo nombre jamás serías capaz de reproducir. Así que, tras certificar su única neurona la abandonó hace décadas, saliste de allí víctima de los buenos planes de año nuevo: un contrato firmado para doce meses de gimnasio.

Y por fin es el primer día. Llegas al vestuario evitando mirar a nadie directamente a la cara y cuando logras soltar la mochula te das cuenta de que estás rodeado de cuerpos completamente desnudos. Vale, lo de Darek era una exageración y ves bastantes parecidos a lo que debe ser el cuerpo de la Pantoja, pero ¿por qué no se tapan con una toalla?, ¿por qué comentan las rebajas de la temporada sin ponerse la ropa interior? Pues yo no me desnudo así como así delante de gente desconocida, así que me pongo el chándal enseñando lo justo y vuelvo a la sala de máquinas.

¿Y ahora qué? Parece que estás rodeado de aparatos de tortura, así que te sientas discretamente en una bicicleta estática para revisar la situación. En esa máquina no pruebo, en esa tampoco que hay que tumbarse y me da vergüenza, y en esa tampoco, por supuesto, que hay gente esperando y se quedarían mirando.

Pues nada, después de media hora dando pedales decides que ya has sudado lo suficiente y vuelves al vestuario pensando que ya está superado. Como imaginais, no me ducho al terminar, prefiero que la gente no quiera sentarse a mi lado en el Metro de cuelta a casa. Pero es que allí llega lo peor, explicas qué tal te ha ido y, además de acusarte de mojigatería, te llaman pringado por pagar un dineral para montar en bici cuando tienes una llena de telarañas en el trastero.

En fin, ya sólo quedan doce meses menos un día para que termine el infierno. Aunque a lo mejor, si sólo vas seis no pasa nada, porque en realidad tampoco ha sido tanto dinero…

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