“Grinches” Vs “Pelucas”

No cabe duda de que la Navidad es  una época del año con muchos detractores. El sector antinavideño se defiende de los ataques lumínicos y el espumillón con frases como “no es más que una época en las que se nos obliga a consumir”. Y algo de razón no les falta. 

Muchos, al pasear por las ciudades engalanadas con sus luces más horteras y sus estrellas más grandes, desean con todas sus fuerzas convertirse en el Grinch para poder robar la Navidad y seguir con sus grises rutinas en las que los árboles sólo son árboles y El Corte Inglés no se convierte en una parada obligatoria.

En el extremo opuesto se encuentran los “Pelucas”, una tribu urbana digna de un profundo análisis sociológico. Para poder dar una visión personal sobre el asunto he decidido observar el corazón de un ciudad que repira “espíritu navideño con obras semiacabadas” desde hace casi un mes… Para los despistados, y como diría Sabina, “pongamos que hablo de Madrid”.

Año tras año la Plaza Mayor se llena de puestos en los que se puede adquirir todo tipo de artilugios: desde el Nacimiento de corcho con la cascada más realista jamás creada (¿acaso al lado del portal de Belén había un río? ¿una cascada? pues no sé! pero a que mola el soniquete del agua en tu salón?); hasta las bromas más logradas e ingeniosas como el auténtico “zurullito de coña”… ¿quién no caería en una broma tan ingeniosa como encontrarse una caca plastificada en su silla cuando va a comer?

Pero si tuviese que destacar un artículo por encima de todos, éste sería la peluca. ¿Quién no se ha puesto una peluca en algún momento? ¿y qué me decís de esos favorecedores cuernos de Reno (Renardo), típicos de estas fiestas tan señaladas?

No hay más que darse un paseo por la Plaza Mayor para ver a grupitos de jóvenes y no tan jóvenes con pelucas de todo tipo. Lo mejor de todo, a mi parecer, no son aquellos que están haciendo la broma, sino esos otros que simplemente “están”. Señores mayores que hacen la cola de Doña Manolita con un pelo a lo afro muy práctico para quitar el frío, niños a los que mamá les ha plantificado un pelucón morado que les llega a las rodillas, macarrillas que lucen una cresta de Goku mientras intentan pasar las botellas a la puerta del Sol… Los “Pelucas” navideños no tienen una línea común de actuación.

¿Será que en realidad nos hace falta muy poco para exterminar el sentido del ridículo? ¿Será que un tonto en comunidad se siente menos tonto? ¿Será… el café?

Sea lo que sea, he de decir que los “Pelucas” me siguen sacando una sonrisa cuando paseo por allí. Que la Navidad, nos guste o no, sigue siendo una buena excusa para estar con los que queremos o, al menos, para acordarnos de ellos. Y que, en el fondo, un diciembre sin chorradas y mamarrachos en la Plaza Mayor, sería un diciembre muy triste…

Así que de este análisis no extraigo más conclusión que la siguiente: que cada uno haga en Navidad lo que más le apetezca pero, por favor, tengan en cuenta que los cuernos de reno en el metro, MOLESTAN!

[a_PalC]

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2 comentarios so far »

  1. 2

    paquille said,

    Mis preferidos entre los ‘pelucas’ son las familias. Van con el pelo verde desde el niño en el carrito hasta el abuelo de 80 años.


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