Archive for marzo, 2010

Ojiplática

Ojiplática. Así es como me he quedado hoy al leer que los estudiantes que ayer insultaron y escupieron al rector de la Complutense protestaban contra los colegios mayores mixtos. Sí, sí, habeis leido bien. Se estaban manifestando frente al Rectorado contra un proyecto para que las residencias universitarias no separen a los alumnos por sexos, y en esas apareció Berzosa y decidieron agasajarle con su sana saliva. ¡Vaya asco!

Pero dejando aparte los insultos y empujones que parece que se están poniendo de moda en las universidades para protestar, me he quedado con la boca abierta al saber que no se quejaban de las condiciones de los centros, de su precio, de las becas o de sus instalaciones. Lo que indignaba a estos jóvenes de 20 años es tener que compartir comedor con gente del sexo contrario, poder encontrarselos ‘por casualidad’ en los pasillos de la residencia a las dos de la mañana o compartir el cuarto de las lavadoras.

Y es que no logro entenderlo por más vueltas que le doy. Estamos hablando de chicos y chicas de entre 18 y veintitantos años que salen por primera vez de casa de sus padres y que en teoría se han criado en democracia con los valores de libertad, igualdad y todas esas cosas. ¿Entonces por qué siguen apelando a la tradición para mantener la segregación? Hasta ahora siempre había pensado que el hecho de que tu habitación esté pared con pared con la de la capitana de las animadoras o con la del líder del equipo de fútbol era el sueño de todo joven que ha crecido viendo comedias románticas americanas. Pero no, parece que la mentalidad conservadora ‘yanqui’ ha calado más hondo de lo que pensaba y preferimos seguir cantando boleros bajo las ventanas de las chicas en vez de tener una relación normal de amistad, cordialidad y compañerismo.

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Un año más

Ya termina el día y todo sigue igual. Ha pasado un año más y los sentimientos son los mismos. Ese día todo cambió para siempre, algo se rompió dentro del corazón y, aunque poco a poco hemos aprendido a vivir con ese dolor, ahora ya sabemos que la herida nunca cicatrizará del todo. Porque esa es la palabra: dolor. Es imposible sentir otra cosa al pensar en ti y en la incomprensible forma en la que desapareciste de nuestras vidas cuando no te tocaba.

 ¿Por qué no se te olvidó ponerte los pendientes y volviste a por ellos?, ¿por qué no alargaste cinco minutos más el calor de las sábanas?, ¿por qué no dejaste que se cerraran las puertas de ese tren? Son preguntas que ahora ya dan igual pero que hubieran cambiado muchas cosas, para ti y para todos los que seguimos sufriendo. Y aunque todos los días sean iguales, hoy todo es más difícil.

Y hoy también detesto esta profesión que tanto defiendo el resto del año. Me da igual si hay una falsa víctima de los atentados, no quiero encender la televisión y volver a ver las imágenes, no quiero tener que ir a un acto y estar pendiente de si Zapatero y Rajoy se saludan o si Gallardón y Aguirre se sonríen o se besan en el Bosque de los Ausentes. Y no quiero hacerlo porque yo también me siento parte de cada uno de esos árboles, de sus ramas y sus raíces. Y te veo a ti en cada una de sus hojas.

Ya nada será lo mismo y no hay palabras para expresarlo. Sólo miradas llenas de cariño que os aseguro que llegan al corazón y se convierten en tiritas para las heridas.

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Sobran las palabras

El día de hoy tiene nombre y apellidos. Crespones negros y mucha tristeza hacen que no podamos olvidar. Sobran las palabras.

En PalC el recuerdo  lo llevamos muy grabado en el corazón.

Hoy, en lugar de extender el lazo negro, preferimos alzar las manos blancas, en homenaje a todos los que creen y luchan por la paz.

De nuevo: Sobran las palabras.

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¡Felicidades!

A ti que te levantas cada día a las cinco de la mañana para ir a trabajar.

A ti que consigues un fin de semana libre todos los años para irte con tus amigas.

A ti que has criado nueve hijos con poco dinero y siempre con una sonrisa.

A que trabajas, cuidas la casa, los hijos y los amigos.

A ti que has decidido no depender de nadie.

A ti que adoras a tu familia.

A ti que has aguantado la violencia de tu marido durante tantos años.

A ti que no pudiste aguantar más y sus puñetazos acabaron con tu vida.

A ti que conseguiste dar el paso y denunciar.

A ti que eres feliz con tu vida.

A ti que todavía luchas por conseguir lo que quieres.

A ti que tu profesión es ama de casa.

A ti que acabas de nacer y todavía te queda tanto por descubrir.

A ti que luchas por lo que crees justo.

A ti que disfrutas con una caricia.

A ti que has superado tantos baches y zancadillas.

A ti que has renunciado a tener una familia por el trabajo.

Y a ti que no estás dispuesta a renunciar a tu vida privada por llegar más alto.

A ti que buscas a tu príncipe azul.

A ti que prefieres un sapo.

A todas vosotras, felicidades.

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Chuches y chakras

Hoy, leyendo el periódico, buscaba un tema sobre el que escribir que fuese un poco más ligero y fácil de digerir que los de las últimas entradas. Más que nada, porque si el mundo sigue agriándonos la existencia con terremotos, crisis, guerras y desgracias similares, acabaremos todos cubriéndonos con un halo de oscuridad y tristeza que nos hará pensar que nada tiene sentido.

Pues bien, aunque muy pocas cosas tengan sentido en este mundo, he encontrado el tema ligero y fácil de digerir que buscaba: la homeopatía.

Buceando en las noticias del día me he encontrado con un reportaje titulado: “La homeopatía, ¿quimera o ciencia?”; y la idea de escribir y opinar sobre ello me ha traído hasta aquí. Resumiendo el artículo, diré que la batalla se libra entre los believers de la homeopatía, que defienden a capa y espada que “lo semejante cura”; y los detractores de las pequeñas pastillitas que sólo sirven para engañar a tu cerebro, enviándole señales imaginarias de que te estás curando.

Yo, que ni soy médica ni lo pretendo, preferí ocupar el puesto de conejillo de indias. Así pues, al habla una que ha experimentado en sus propias carnes los resultados de la homeopatía.

Mi experiencia con esta “terapia de la magia” comenzó cuando, tras visitar a varios especialistas (estoy exagerando, sólo fue uno, pero démosle dramatismo al asunto!), mis problemas con la intolerancia a ciertos alimentos continuaban. En ese momento empecé a oír a hablar de la homeopatía, una palabra que ya había escuchado antes, pero como el que oye llover.

Total, que empecé a investigar y descubrí lo que era: La medicina homeopática se basa en el principio de similitud, es decir, una misma sustancia responsable de determinados síntomas también puede aliviarlos o neutralizarlos, siempre y cuando se administre de forma correcta (Lo semejante, con lo semejante se cura). [y el que quiera saber más, que se vaya a wikipedia!]

La cosa no sonaba mal, desde luego. A mí me convenció la idea de que se parecía (al menos desde mi ignorancia) al mecanismo de las vacunas, solo que sin pinchazos. Así que decidí probarlo. Fui a un herbolario donde se hacían tratamientos homeopáticos y fui atendida por una amable mujer que parecía saber de lo que hablaba, pero a la que no pude evitar apodar “la Hierbas”.

La situación era cómica. Una música ambiente que te trasladaba, como mínimo, a lo más profundo del océano; un olor a incienso digno de una comuna hippie de mayo del 68 (pero sin olor a choto); y una decoración semejante a un decorado de película de romanos…

Al principio me entró la risa, pero lo cierto es que todo lo que dijo “la Hierbas” cuando recibió los resultados de mi análisis, ha sido la solución definitiva a mis problemas (que no eran tantos, eh? Si hubiese sido así, la habría apodado “la Milagros”, con todos mis respetos a las Milagros!).

Finalmente, el último día que fui a su consulta, al ver que el tratamiento estaba dando muy buenos resultados, me recomendó una nueva terapia (esta gratuita) que a ella, según decía, le estaba funcionando muy bien. La magnetoterapia, consistente en colocarte unos imanes en los puntos de acupuntura pertinentes, para corregir ciertos desajustes del organismo. Mmm… no lo vi claro. A mí eso de pitar en los aeropuertos nunca me hizo gracia. Pero lo probé (qué mal hace probar algo que no hace ningún mal!). Esta vez no hubo suerte, la limpieza de chakras no ha hecho mella en mi vida. Lástima.

No obstante, si eres la “Hierbas” y estás leyendo esto, te agradezco la buena intención y tus sabios consejos sobre alimentación. Y, al resto, sólo os aconsejo que no os cerréis en banda a la medicina natural, ¡no puede ser tan mala!!

Dicho esto, me despido hasta nueva entrada, que, espero, siga siendo de temas “ligeros y fáciles de digerir”, con o sin chuches homeopáticas!

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