Un oasis en medio del desierto

Cuando se levantó ese miércoles a las ocho de la mañana como todos los días para ir a trabajar no notó nada diferente. Tenía el mismo sueño de siempre que solamente consigue despejar un poco una larga ducha. Fue luego, cuando puso la tele para ver las últimas noticias mientras desayunaba, cuando se dio cuenta de que todas las cadenas giraban sobre lo mismo: el debut de España en el Mundial de Fútbol.

Bajó a comprar el pan y el dependiente llevaba ‘la roja’ puesta con una gran sonrisa. En el kiosko descubrió que también todos los periódicos habían optado por una foto de los futbolistas españoles que esa tarde se enfrentarían a Suiza. En Internet, los medios digitales destacaban en portada los detalles de la competición e incluso leyó una noticia que relataba los planes de todos los políticos para intentar hacer un hueco en sus obligaciones para poder ver el partido.

A ella le gustaba el fútbol. La verdad es que le gustaban todos los juegos, había crecido con ellos desde pequeña y no podía evitar compartir la alegría de los ganadores y sufrir con los perdedores. Pero había algo que ese día parecía no estar colocado en su sitio, y aunque tenía una vaga idea, no conseguía definir con palabras esa sensación.

Entonces se paró a pensar en los acontecimientos de los últimos meses. Hasta ayer mismo parecía que España no iba a aguantar ni un día más el monstruo de la crisis y caería en picado para ser rescatada por buenos compañeros como Francia o, por supuesto, Alemania, que ya se había preocupado de dejar bien claro que está mejor que el resto y ofrecerá limosna a quien lo necesite.

¿Pero qué pasaba ese día? Las conversaciones estaban muy lejos de la más lejana todavía huelga general, de los más de cuatro millones de parados y de la reforma laboral que ese mismo día presentaría el Gobierno. ¿Sabría el panadero que, tan sólo dos horas antes del estreno de la selección, el Consejo de Ministros daría el visto bueno a reducir a 20 días por año trabajado la indemnización del despido? ¿Sabría la quiosquera que, más allá de la crisis española, el periódico que acababa de vender contenía noticias tan duras como la muerte de miles de uzbekos en Kirguizistán?

¿Qué tiene el fútbol que consigue crear un oasis en medio del desierto? Entonces recordó a sus compañeros de trabajo explicándole durante semanas que un Mundial es diferente, sólo comparable a las Olimpiadas, y decidió que ella también formaría parte de ese oasis.

[p_PalC]

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3 comentarios so far »

  1. 1

    galko said,

    El Mundial es la felicidad, es la guerra de mentirijillas entre naciones, una oportunidad para fanatizarte sin complejos. Eso lo sabe y lo explica muy bien Bono en el video que has publicado, que es una jodida gran maravilla para incendiar corazones y abrir expectativas. No creo que haya nada más épico que juntar a U2 con un Mundial de Fútbol. Bueno, sí, que lo gane España y acabemos todos detenidos en comisaría la noche de la celebración.

  2. 2

    p_PalC said,

    Si lo sé me quedo en el desierto…

  3. 3

    Me ha encantado P!!!
    A veces se pierde muy rápido la conciencia sobre lo que importa…


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