Sentimientos en plena calle


Provocan una mezcla de confusión y ternura. Las lágrimas ajenas hacen que nos sintamos vacíos e impotentes por no poder parar ese grifo que mezcla agua y sal bajo los ojos de los demás.

Hoy he visto en un margen de media hora a dos personas llorar en la calle en pleno centro de Madrid. Dos personas muy diferentes que sin embargo compartían esa desazón incontrolable.

La primera era una mujer aparentemente normal que pasaba los 40 años y que nada hubiera hecho que me fijara en ella si no hubiera sido porque no podía contener los pucheros mientras hablaba por el móvil calle Preciados abajo. ¿Qué le estaría diciendo su interlocutor?, ¿encontraría las palabras adecuadas para contener su llanto?, ¿o quizá era quien lo estaba provocando? Lo primero que ha venido a mi mente ha sido una pelea amorosa, no puedo evitarlo, soy así; pero a lo mejor la acababan de despedir del trabajo y estaba contándoselo a su mejor amiga, o a lo mejor sólo era la expresión de quien dice ‘ya no puedo más’ después de días de agobio, o incluso puede que una pelea familiar la estuviese oprimiendo las glándulas lagrimales. No lo sé, pero me he tenido que aguantar las ganas de acercarme y decirle que todo iba a salir bien, aunque fuese mentira.

Mi segundo encuentro lloroso del día ha sido poco después en la Gran Vía. Esta vez era un niño de unos diez años, algo regordete y con gafas, quien tenía los ojos hinchados, rojos y más mojados de lo normal. Caminaba junto a su madre y ya había pasado el primer berrinche, sólo quedaban los ecos de la tristeza. Seguramente en este caso el problema era un videojuego. Ese que ya tienen todos sus amigos y que su madre no accede a comprarle por no hacer los deberes de matemáticas. Aunque a lo mejor el problema era que no tiene amigos y sus compañeros se han vuelto a reir una vez más de él en clase de gimnasia por correr como una tortuga.

Quiero saber por qué lloran y consolarles, aunque a veces el único consuelo son las propias lágrimas.

Yo soy muy llorica, no es ningún secreto para quienes me conocen, pero además tengo un botón muy fácil de encender para emocionarme con los sentimientos ajenos. Me da igual que sean lágrimas de pena, de alegría o de rabia; me da igual que sea la serie más cutre de la parrilla o un anuncio de Navidad; me da igual que sea la alegría por un triunfo deportivo, una buena noticia en los telediarios o una película de después de comer. Veo a los demás llorar y lloro.

[p_PalC]

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5 comentarios so far »

  1. 1

    [a_PalC] said,

    Llorona!! jeje..

    Aquí va un anuncio de esos que provocan la lagrimilla…

  2. 2

    [a_PalC] said,

    de hecho, lo voy a meter en imagen de la semana!

  3. 3

    Isa said,

    Yo soy de las que llora por la calle, en el metro o donde haga falta… y además de las tuyas, de las que se contagian de sentimientos ajenos a la menor oportunidad…
    ¡y me encanta!

  4. 5

    maria said,

    A mi me pasa exactamente igual cuando veo gente llorar por la calle. Y cada vez que veo ese anuncio también…


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