Manuel Alexandre, adiós abuelo entrañable

Alguna vez le vi pasear por mi barrio, con sus dos manos a la espalda y la misma sonrisa que siempre llevaba instalada en su rostro. Era una clara definición de abuelo entrañable, siempre sonriente y con arrugas que denotaban una larga e intensa vida.

Dio la bienvenida a Mr. Marshall y encarnó papeles secundarios en algunas de las grandes obras de nuestra literatura (Fortunata y Jacinta o Luces de Bohemia, entre otras). Pero yo le recordaré siempre por ladrón, timador y chorizo entrañable, habitual de un bar llamado “La Oficina”, donde le apodaban el “Anticuario”. Un bar lleno de timadores que bebían vinos servidos por Anabel Alonso y trazaban los más enrevesados planes para torear a un inspector que se ennervaba muy fácilmente.

Gracias Manuel Alexandre por habernos hecho pasar ratos tan divertidos.

[a_PalC]

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